20081002

ARCHIVO GENERAL DE EXTREMADURA EN MÉRIDA





NUBE CRISTALIZADA
Hay ocasiones en las que la lectura del contexto en el que trabajamos se realiza desde una óptica transformadora. La arquitectura, además de gran capacidad de integración, posee el potencial de aparecer para modificar estratégicamente unas circunstancias existentes. Mirar más allá de las fronteras inmediatas nos invita a descubrir en la lejanía nuestra razón de ser. Del descubrimiento de esta distancia, y de la generosidad por compartirlo, surge el proyecto.
El edificio se alza como un potente zócalo que, como quien se eleva sobre un talud natural para orientarse, permite alzar la vista sobre las edificaciones circundantes que nos separan del Guadiana, y así disfrutar y compartir el lugar que nos ocupa y que ocuparemos. De esta manera nos hacemos conscientes de nuestra situación territorial, mediante la generación de una plaza pública elevada sobre el volumen compactado de los archivos, que serán así soporte simbólico del nuevo espacio público y su actividad.
A partir de esta decisión, todo el programa que no es estrictamente archivo, se estructura y se sistematiza en una cristalización nubosa que construye una sombra discontinua sobre la plaza creada. La estructura geométrica hexagonal, permite un crecimiento isótropo que se verá matizado posteriormente al enfrentarse al movimiento solar. De este modo, los usos se ubican en su posición óptima, punteando la malla y descubriendo la discontinuidad de aquello que fue creado sin diferencia.

ARCHIVO COMO ZÓCALO
Las propiedades topográficas del solar permiten la construcción de un continuo horizontal que, desde la calle Orden de Santiago (parte superior) será plaza pública, desahogo del entorno construido, y que en su extremo norte lanzará la vista al Guadiana y al horizonte. Descubrimos mediante la operación un nuevo lugar insólito, aquel que nos ubica en el territorio y nos permite la contemplación y el descanso.
Dentro del zócalo, bajo esta plaza pero siempre sobre rasante, se desarrolla el montante de archivos. Una superficie organizada y compartimentada, siguiendo estrictamente las recomendaciones de las bases, en bloques no mayores de 200m2, y suficientemente distanciada del resto del edificio, del que le separa el vacío en sombra del nuevo espacio público propuesto.
Este volumen neto, ciego, como si de un talud natural se tratara, delimita el exterior de una calle continua que rodea, aislando y sirviendo, el motivo principal de la existencia de la actuación, los archivos.

Y LA NUBE HABITABLE
Sobre la nueva plaza creada se desarrolla, cristalizada, una nube. Ésta contiene todos los usos administrativos y de acceso público vinculados a la existencia de los archivos, y se ordenan en dos alturas, tal y como describen las bases: tres edificios continuos pero segregados, servidos a partir de dos núcleos de comunicación. El primero, compartido por las dos secciones de acceso público (zona privada y zona pública), y el segundo, restringido en todos los niveles (zona restringida), recorren la totalidad de las plantas comunicando directamente los archivos con los espacios servidos, de manera eficaz y sencilla.
La nube se cristaliza en una colección de hexágonos de 23m2 de superficie idénticos en su origen. Unos hexágonos transparentes, continuos y colonizables, intercambiables, que alternan elementos construidos, con espacios exteriores destinados al uso interno de los funcionarios.
La geometría hexagonal aumenta las posibilidades de relación de los módulos y flexibiliza las circulaciones interiores, evitando la formalización de pasillos y multiplicando los usos diversos de cada planta.
Comienzan a matizarse al ubicarse y al ocuparse: Con respecto al primer nivel de definición, se posicionan los espacios cerrados en las caras sur de la nube, funcionando a modo de colchón térmico del resto de espacios abiertos. Con respecto al segundo nivel de definición, el referido a la ocupación, aquello que es sólo una oficina paisaje, continua e isótropa, se torna específica con el mobiliario.
Se envuelve la totalidad de la nube, construida con una ligera estructura metálica y cerramientos de vidrio, con una piel gruesa de aluminio perforado según un patrón cambiante que se ajusta a las condiciones de lugar y soleamiento, matizando y protegiendo el interior. Esta envolvente, que se construye vertical y horizontal, genera un colchón distorsionador de la relación de transmisión entre interior y exterior, tanto de los aspectos climáticos, como de los de intimidad y vistas, así como, igualmente, del entorno construido, del que se aísla para centrarse en el no tan lejano horizonte descubierto, que desde esta atalaya privilegiada, se torna ahora imprescindible.

Archivo General de Extremadura en Mérida. Concurso
Promueve: Junta de Extremadura
Arquitectos: Ignacio Borrego, Néstor Montenegro y Lina Toro
Colaboradores: Sálvora Feliz, Angelo Mastromarini y Carlos Ramos